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jueves, 5 de julio de 2012

El Reservorio de Agua de Roque Benavides

Por: Jinre.
 
El “Reservorio de Agua” de San José en Cajamarca.

No es nueva la idea de proponer la construcción de reservorios artificiales de agua, tal como lo ha prometido recientemente uno de los principales accionistas del Proyecto Minas Conga, Roque Benavides.

Esa propuesta dice que multiplicará por diez la cantidad de agua que hoy posee Cajamarca y es una promesa más de las tantas que se han hecho e incumplido a lo largo de 20 años de minería en Cajamarca y que hoy el mismo presidente “pisa el palito”  haciendo suya tal ocurrencia.

Sin ir muy lejos, hace unos pocos años Yanacocha ofreció construir un reservorio de nombre San José. Dicho reservorio fue inaugurado por Alan García en el año 2008 y en ese instante se dijo que tendría el tamaño del Estadio Nacional  y que abastecería sobradamente de agua a toda Cajamarca.

Para que vean que nuestros hermanos Cajamarquinos tienen justas razones para desconfiar de esta empresa y por tanto ejercer la defensa de sus lagunas,  veamos las siguientes imágenes:

Alan García con sombrero y poncho cajamarquino en la inauguración del famoso reservorio San José.

Así lucía el reservorio artificial San José el día de su inauguración el 28.ABR.2008. Fíjense el color del cerro al costado, afectado por la actividad minera.

Dos meses después, el reservorio se rompió y al mes de Julio del 2012 el famoso reservorio de  San José está vacío. 

En aquel entonces se dijo que este reservorio abastecería de agua a toda Cajamarca. Hoy Roque Benavides dice que multiplicarán por diez la cantidad de agua existente.

Es claro que un reservorio artificial  jamás reemplazará a una laguna natural.

¿Algo más qué decir?

jueves, 21 de junio de 2012

Defensa de la vida

 Foto: Laguna “Totora Chica”, muerta y secada por la actividad minera de Yanacocha. Cajamarca.

Por: Jinre.

Cierto que una carretera bloqueada afecta el derecho de las personas a la libre circulación. Pero la contaminación ambiental afecta la vida, la salud, la sobrevivencia de todo ser vivo.

¿Qué hacer entonces cuando estos reclamos por la vida no son escuchados y hasta se los menosprecian?.

No hay que pensar demasiado para caer en cuenta que el primer y más importante delito que debemos combatir y denunciar es el que atenta contra la vida de las personas.

La verdad, en lo personal me resulta patética, frívola y vergonzosa la postura de aquellos que “lanzan el grito al cielo” y se “indignan” cuando una carretera está bloqueada por una protesta que pretende llamar nuestra atención sobre un tema urgente. Sin embargo, estas mismas personas no dicen nada, no protestan, no muestran igual indignación, no dicen: “esta boca es mía”, cuando se atenta cruel y lentamente contra la vida. Sí, cuando se atenta CONTRA LA VIDA cuando se contaminan los ríos, las aguas de riego y la tierra que necesitamos todos para vivir.

Muchas personas desde la tranquilidad de sus vidas citadinas, suelen invocar con suma efervescencia  la aplicación severa de la Ley contra aquellos “insolentes revoltosos” que protestan y convocan a una movilización. Seguramente creen desde su imaginario que las Leyes sólo están hechas para regular aspectos meramente formales o para preservar el ornato de la sociedad; piensan en las Leyes como si estas sólo fueran herramientas que sirven para regular aspectos “cosméticos” u otros de mero trámite burocrático. Sin embargo, estas mismas personas no asumen con igual fervor que la DEFENSA DE LA VIDA es la primera Ley por la que debiéramos luchar en su irrestricta aplicabilidad; la primera ley que debiéramos invocar para denunciar a quienes con sus actos atentan contra la vida de poblaciones enteras; pues sin la vida, no hay nada.

Tal vez sólo cuando por el caño de nuestras cocinas y lavaderos  salga agua sucia para tomar, o nuestros niños tengan que  verse obligados a bañarse con agua contaminada con residuos minerales, podamos entender mejor la necesidad que existe de alzar nuestra voz de protesta en defensa de la vida; llegado ese día, esperemos que nuestros reclamos no sean tomados como propios de gente revoltosa y politizada, sin razón alguna.